Al conocer algunos datos sobre la destrucción impune de la región amazónica. Es imposible no plantearse algunas reflexiones sobre la gravedad de los delitos cometidos. Seguramente no somos conscientes de la amplitud del desastre que da lugar en aquella región y otras muchas regiones del planeta. A pesar de ello las consecuencias las pagarán primero las poblaciones locales y después toda la sociedad.

Debemos pensar que este tipo de delitos atentan no sólo al patrimonio universal en la medida en que el Amazonas presenta un gran valor ecológico para todos: soporta gran parte de la vida del planeta, es un gran sumidero de gases contaminantes, regula el clima global, etc.

Estos ecosistemas además presentan un gran valor para la medicina -muchas especies son susceptibles de solucionar enfermedades-; y son una gran fuente de información para la investigación científica -todos los años se descubren especies desconocidas para la ciencia-.

Estos ecosistemas presentan un gran valor económico, para la propia población local, que solicita recursos a estos bosques –material de construcción, alimentos, leña, etc.-. También son fuente de ingresos para las propias poblaciones locales que pueden comerciar con estos bienes de forma sostenible. En definitiva son un medio de vida y de desarrollo para las poblaciones locales.

Al mismo tiempo estas selvas han visto pasar los siglos y una infinidad de culturas, lenguas y tradiciones. Al fin y al cabo también son el hogar de miles de personas, que han hecho suya una forma de vida entre estos ecosistemas. El Amazonas es el lugar donde coexiste un gran valor cultural y moral, posibilita habitar a una sociedad determinada pero al mismo tiempo genera una deuda con las generaciones venideras, que tienen pleno derecho a habitar este lugar.

Por todos estos motivos, preservar los bosques del Amazonas, supone preservar mucho más que un lugar donde vegetan las especies. Y por ello es especialmente grave la impunidad de los delitos que allí se cometen.

En cada delito se esconde una oportunidad para el robo de bienes materiales y servicios a las comunidades locales, y a toda la humanidad. Por eso no puede dejarnos indiferentes este tipo de delitos, estamos hablando de un pérdida irreversible de bienes y servicios que son de la humanidad y para toda la humanidad.

Fuente :IMAZON

Las extracciones madereras sin control alguno suponen más de la mitad de los delitos cometidos en el Amazonas. En cambio no existe prácticamente control alguno de la entrada de madera en España, ni en otros muchos países. No se están estableciendo suficientes controles para averiguar qué maderas han sido cortadas de forma sostenible y cuales no. En el mejor de los casos un certificado PEFC o FSC es todo lo que puede pedirse.

Desde luego que ninguno de los que leerán estas líneas es directamente culpable de este tipo de delitos. Pero acaso nuestra solicitud generalizada de madera tropical no nos hace responsables en cierta medida de estos sucesos. No es verdad que prácticamente nadie se pregunta por los derechos de las poblaciones que donan estos recursos.

La situación de los bosques del Amazonas debería llamar a las conciencias para actuar de forma decidida a favor del aprovechamiento sostenible de estos recursos. Las naciones deberían apoyar toda iniciativa conducente al aprovechamiento sostenido y sostenible de las masas primigenias, de forma que se garantizase todo el abanico de bienes y servicios que proporcionan. No debería importarse ningún producto de estos bosques sino se garantizan los derechos laborales y sociales de las comunidades locales.

En el caso concreto de España, debería considerarse una política forestal a favor de los montes españoles, que también pueden aportar recursos importantes y sobretodo con una mayor garantía de aprovechamiento. En España existen garantías suficientes de sostenibilidad en los aprovechamientos, y aunque queda mucho por avanzar en materia económica y laboral, existe un marco legal para garantizar la viabilidad de las explotaciones.