Retomando el tema de los incendios forestales. A continuación, una breve referencia de los principales conceptos sobre el fuego y su desarrollo.
El fuego es el efecto visible de una reacción química, es simplemente la emisión de partículas incandescentes a la atmósfera cuya luz es captada por el ojo humano bajo una determinada gama de colores. Esa reacción ocurre en base a una serie de agentes: el combustible, el comburente y la energía de activación.
El combustible es el agente que se consume por efecto de la acción del comburente y la energía de activación. En el caso de los incendios forestales, el combustible es toda la materia orgánica existente –hojas, ramas, raíces, suelo orgánico, corteza, etc.- Este concepto es de vital importancia como veremos después.
El comburente va a ser el oxígeno atmosférico, fundamentalmente. Este gas va a ser importante en la reacción, se presentará en situación deficitaria. En pocas ocasiones podrá hablarse de una reacción química en proporciones estequiométricas. Esta circunstancia es de vital importancia para entender el riesgo que corren los trabajadores del ámbito de los incendios.
A lo largo de este verano están ocurriendo numerosos fallecimientos relacionados con los incendios. La mayoría de estas muertes no están relacionadas directamente con el fuego, sino con los gases residuales del propio incendio. En efecto, el monóxido de carbono, hidrocarburos volátiles, derivados del azufre, nitrógeno, partículas en suspensión, compuestos orgánicos volátiles, etc. son sustancias especialmente tóxicas para el ser humano. El monóxido de carbono –conocido como “gas de las estufas”- provoca desmayo y la muerte si las concentraciones son suficientes. El resto de sustancias también son tóxicas y susceptibles de causar problemas respiratorios importantes. Desgraciadamente el oxígeno es un factor sobre el que no podemos actuar. Por ello será un factor constante y sus efectos sobre las reacciones químicas serán inevitables.
Es cierto que técnicamente pueden establecerse medidas de protección sobre estos gases, como la utilización de equipos de respiración autónoma o el uso de mascarillas. El uso de mascarillas está ampliamente generalizado, pero debe tenerse en cuenta que estos elementos dificultan la respiración y por tanto disminuyen las capacidades físicas de los trabajadores. Por otro lado las mascarillas sólo son útiles para el caso de agentes reactivos, partículas en suspensión, y algunos hidrocarburos. En cambio no ofrecen protección ante el monóxido de carbono. En cuanto a los equipos de respiración autónoma, son válidos para situaciones muy particulares. Pero teniendo en cuenta la limitada autonomía de estos equipos y el elevado peso de los mismos, resultan inviables para la mayoría de las ocasiones.
La energía de activación es el último de los componentes de la reacción química del fuego. Esta energía es el calor necesario para aumentar la temperatura del combustible de forma que pueda combinarse con el comburente. De forma generalizada se acepta que la madera arde a partir de los 180ºC, si bien esta cifra es meramente orientativa, debido a la gran heterogeneidad de los combustibles existentes en el monte.
Esta variabilidad de está relacionada íntimamente con las moléculas que componen los diversos tejidos vegetales. Así un tejido leñoso, -compuesto fundamentalmente de lignina y celulosa- tiene mayor resistencia al fuego, que si tuviera cantidades significativas de resina. Un mismo combustible tendrá mayor resistencia dependiendo del estado de agregación de sus tejidos, es decir dependiendo de la facilidad que tenga el oxígeno para acceder a los tejidos. De este modo un mismo volumen de madera presenta mayor resistencia al fuego cuando se encuentra totalmente agregado, que cuando se encuentra dividido y expuesto a la presencia de oxígeno. La importancia de estos conceptos radica en que sólo el combustible es susceptible de ser manipulado en base a criterios de lucha contra incendios. Por ello las técnicas de lucha contra incendios van a estar enfocadas a cambiar o modificar parámetros relativos al combustible, sin que ello signifique que no puedan actuar simultáneamente sobre otros factores.
En términos generales caben tres posibilidades para la modificación del combustible: cambio en la especie, modificación de la densidad de combustible y modificación de la estructura del mismo. Sobre la especie, el cambio es sumamente intuitivo. Ya se ha manifestado la diferencia radical que existe entre unas especies y
otras en base a los tejidos que las componen. Sobre la modificación de la densidad, puede decirse que la densidad es un factor relacionado claramente con la cantidad de combustible existente en el monte. Las técnicas de modificación de la densidad son sobradamente conocidas –claras, cortas de regeneración, eliminación de matorral, etc.-. Su importancia es decisiva
no sólo en la lucha contra incendios sino en la gestión integral del monte. Sin embargo es sumamente complicado compaginar una reducción de la densidad sin renunciar a otros aspectos de la gestión dasocrática como la producción o la protección del regenerado.
Por último la modificación de la estructura del combustible, es también intuitiva. Al introducir discontinuidades verticales y horizontales se puede disminuir la posibilidad de que un combustible ardiendo transmita calor a otro aledaño. Esta modificación es el fundamento de las áreas y fajas cortafuegos.

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